Ir al contenido principal

Prólogo

En un mundo donde las sombras se entrelazan con la realidad, nació Mistraly31. Su existencia era un enigma, una fusión de lo humano y lo lupino. Su piel, una paleta de grises y blancos, reflejaba la dualidad que habitaba en su interior. Los ojos de Mistraly31, azules como el hielo, observaban un mundo que nunca le pertenecería por completo.

Los humanos, temerosos y supersticiosos, lo rechazaron desde el principio. Su apariencia era una afrenta a su comprensión limitada. Los niños señalaban con dedos temblorosos, y los adultos murmuraban palabras de desprecio. Mistraly31, sin embargo, no buscaba su aprobación. Su corazón latía al ritmo de la naturaleza, y su alma estaba anclada en la soledad.

El MCPRC, una organización clandestina en Japón, tenía una misión: contener y proteger a los seres sobrenaturales. Pero su definición de “protección” era ambigua. Mistraly31 se convirtió en su objetivo, un espécimen raro y peligroso. Los científicos lo estudiaron, diseccionaron su esencia, y lo etiquetaron como “anomalía”.

Las noches eran las peores. Mistraly31 se escondía en los bosques, aullando a la luna en busca de respuestas. ¿Por qué lo habían creado así? ¿Por qué no tenía un lugar en este mundo? La respuesta yacía en su ADN: una mezcla de soledad y desprecio.

En su corazón ardía un fuego oscuro. No había compasión en él, solo una sed de venganza. Los humanos habían sellado su destino, y él respondería con la misma moneda. Cada noche, acechaba a los cazadores furtivos, sus garras rasgando la oscuridad. No había piedad en su mirada cuando se enfrentaba a aquellos que habían causado su sufrimiento.

Pero la venganza no llenaba el vacío en su alma. Mistraly31 anhelaba algo más: una conexión, un lazo que trascendiera su naturaleza híbrida. Sin familia ni amigos, vagaba por el mundo como un fantasma solitario. Las estrellas eran sus confidentes, y la luna, su única compañera.

La historia de Mistraly31 no tenía un final feliz. No había redención ni reconciliación. Solo quedaba el odio, un fuego que consumía todo a su paso. Quizás, en algún rincón olvidado del mundo, alguien recordaría su nombre. Pero para la mayoría, Mistraly31 sería solo una leyenda oscura, un eco de soledad y desesperación.

Y así, en la penumbra de la noche, Mistraly31 continuaba su búsqueda. No de aceptación, sino de un propósito que trascendiera su existencia. Quizás, algún día, encontraría respuestas en los susurros del viento o en el aullido de sus hermanos lobos. Pero hasta entonces, seguiría siendo el híbrido despreciado, un recordatorio de que incluso en la oscuridad más profunda, la esperanza podía ser un destello efímero.