En un mundo donde las sombras se entrelazan con la realidad, nació Mistraly31. Su existencia era un enigma, una fusión de lo humano y lo lupino. Su piel, una paleta de grises y blancos, reflejaba la dualidad que habitaba en su interior. Los ojos de Mistraly31, azules como el hielo, observaban un mundo que nunca le pertenecería por completo. Los humanos, temerosos y supersticiosos, lo rechazaron desde el principio. Su apariencia era una afrenta a su comprensión limitada. Los niños señalaban con dedos temblorosos, y los adultos murmuraban palabras de desprecio. Mistraly31, sin embargo, no buscaba su aprobación. Su corazón latía al ritmo de la naturaleza, y su alma estaba anclada en la soledad. El MCPRC, una organización clandestina en Japón, tenía una misión: contener y proteger a los seres sobrenaturales. Pero su definición de “protección” era ambigua. Mistraly31 se convirtió en su objetivo, un espécimen raro y peligroso. Los científicos lo estudiaron, diseccionaron su esencia, y lo eti...